jueves, 5 de abril de 2012

El suicidio de un “disidente” cubano en España y el extravío de los contrarrevolucionarios "exiliados"


Por Miguel Fernández Martínez
El reciente suicidio de uno de los contrarrevolucionarios cubanos que optaron ir a vivir a España es sinónimo de la situación de desespero en que se encuentran, al ver desvanecerse la ilusión de que el gobierno ibérico los mantuviera económicamente, tal y como hizo Estados Unidos mientras desplegaban sus acciones mercenarias dentro de Cuba.
Albert Santiago Du Bouchet Hernández es la nueva víctima. Aún no se conocen las verdaderas causas que lo impulsaron a quitarse la vida en La Palma, Islas Canarias, lugar donde vivía después de ser excarcelado en la isla, donde cumplía una condena por sus actividades desestabilizadoras, financiadas y dirigidas desde Washington.
Du Bouchet es un botón de muestra del incierto futuro elegido por ese minúsculo grupo de cubanos que malviven en España, después que utilizaron las supuestas tareas de “defensa de los derechos humanos” en Cuba, como trampolín para emigrar hacia sociedades capitalistas.
En España, estos “patriotas” cubanos esperaban ser recibidos como “héroes” y reclamaron como legítimo se les mantuviera económicamente, con casa, dinero y comida a costa de las arcas del estado español.
La realidad fue otra. Y por ahí andan escandalizando, agrediendo, maldiciendo y culpando a Cuba de sus desgracias. Para ellos ya pasó el tiempo del dinero fácil que enviaba mensualmente la USAID para que garantizaran el descrédito inventado de su propia Patria.
Para colmo de males, El Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España está estudiando recortar las ayudas que venían recibiendo los contrarrevolucionarios cubanos y sus familiares acogidos debido a los ajustes presupuestarios en este departamento.
En Cuba, estos sujetos aprendieron que había una manera de ganar dinero fácil, vendiéndole al alma al Diablo –o mejor y más claro- al enemigo número de su propio pueblo. Estados Unidos los mantuvo y los financió a sabiendas que ninguno de ellos tenía convicciones políticas en lo que hacía.
Ahora, como diría mi viejo amigo Juan, “la caña se les puso a tres trozos” y creo que empezaron a aprender la lección que dice: “en el capitalismo, el que no trabaja,…se muere de hambre”.
Y ganas de trabajar, parece que ellos no tienen muchas.